Cuando Colombia finalmente emitió en octubre de 2024 su resolución reconociendo a dos pueblos en aislamiento voluntario —los Yuri y los Passé—, los aplausos surgieron primero desde las riberas, no desde los ministerios. El mérito pertenecía a los vecinos que habían estado observando, caminando y alertando durante años: las comunidades de Manacaro y de la Reserva Indígena Curare–Los Ingleses a lo largo del bajo río Caquetá. Su evidencia parecía humilde: huellas, círculos de ceniza, corazones de palma arrancados, semillas dejadas en senderos deliberados… hasta que se consolidó en un mapa que el Estado ya no pudo ignorar.
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